Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y les expuso todo lo que el Señor le había ordenado.
Éxodo 19,7
Moisés había estado con Dios, se había reconfortado y lo había escuchado. No siempre era fácil seguir sus consejos, pues había mu- chas opiniones acerca del liderazgo del líder. Pero consideró importante compartir con el pueblo lo que Dios le había sugerido.
Hoy en día, tenemos a nuestro alrededor miles de voces que nos impiden escuchar la voz adecuada y certera para nuestras vidas.
Sonidos fuertes, violentos, narrativas que nos atrapan en discursos de odio y discriminación, que nos empujan a replicar como una campana que solo genera confusión.
La Palabra de Dios es una voz clara, dulce, amorosa, que invita a que todas y todos experimentemos desear seguir viviendo y trabajando por un espacio en paz.
Moisés comparte lo que Dios deseaba para ese pueblo en caminata por el desierto, una tierra que creaba muchos ruidos que lograban impactar en las personas en lo positivo y en lo negativo.
Sin embargo, el mensaje que Moisés transmite a la muchedumbre es distinto: desafiante, centrado y contextualizado para entender su tiempo y su espacio.
De esta manera, fue más fácil entender hacia dónde caminaban, tuvieron claridad y certeza. De la misma manera, nos puede suceder a nosotras y nosotros.
Nuestros líderes, por quienes debemos orar, pueden impulsarnos a escuchar la voz de Dios. ¿Y cómo sabremos que se trata de su voz? Sabremos que es la voz de Dios cuando nos invite a caminar por el sendero de la gracia y la misericordia.
Oración: Ayúdanos Dios a reconocer tu voz que nos invita a siempre hacer el bien, que nos sugiere seguir por el camino de la paz y el amor. Amén.
Ángela Trejo Haager