Sábado 13 de junio

Él vino y anunció la buena noticia de la paz.

Efesios 2,17

Este pasaje nos recuerda que en Cristo no hay divisiones ni barreras que nos separen. Muchas veces, en la vida cotidiana, las diferencias sociales, culturales o incluso personales, nos hacen sentir distantes unos de otros. Sin embargo, la Palabra nos enseña que Jesús derribó todos los muros de enemistad para que podamos vivir como miembros de una misma familia, la familia de Dios.
La imagen del “templo” que aparece en el texto nos invita a pensar que cada persona es como una piedra viva que forma parte de una construcción mayor. Cristo es la piedra angular que sostiene y da sentido a toda la estructura. Esto significa que nuestra fe no es algo individual, sino que cobra fuerza cuando se vive en comunidad.
Cuando lo pensamos en la vida cotidiana, pensemos en un equipo de fútbol. Cada jugador por sí solo puede tener talento, pero la verdadera victoria se logra cuando todos juegan unidos, reconociendo al capitán que dirige. De la misma manera, en la iglesia cada uno tiene un papel importante, pero la unidad y la paz solo se alcanzan cuando seguimos a Cristo como centro y guía.
Así, este pasaje nos invita a construir relaciones de fraternidad, unidad y solidaridad. No importa si antes nos sentíamos “lejos” de Dios o de los demás, hoy podemos acercarnos porque en Cristo tenemos acceso al mismo padre. Él nos convoca a ser parte de su casa, un hogar donde reine la confianza y la unidad.

José Arturo Schlickmann Tank

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print