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No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
Mateo 10,28
El miedo es una de las emociones más humanas. Nos paraliza, nos hace callar cuando deberíamos hablar, nos lleva a escondernos cuando tendríamos que dar testimonio. Jesús conoce nuestros miedos y nos recuerda que nada de este mundo tiene poder sobre lo más valioso que tenemos: nuestra vida en Dios.
En la historia de la iglesia abundan ejemplos de hombres y mujeres que, en medio de amenazas, mantuvieron la fe y la esperanza. Pero también hay ejemplos cotidianos: una madre que ora sin cansarse por su familia, un joven que se atreve a vivir su fe en la escuela, un trabajador que actúa con honestidad, aunque eso le cueste burlas o críticas.
El texto de hoy nos invita a levantar la mirada. Si ponemos nuestra confianza en Cristo, descubrimos que no estamos solos ni desprotegidos. Nuestro valor no se mide por lo que los demás piensen de nosotros, sino por lo que somos para Dios: hijos e hijas amados.
El miedo se vence con fe. Y la fe nos permite caminar con valentía, sabiendo que en las manos de Dios nuestra vida está segura.
Oración: Señor, fortalece mi fe para que no viva dominado por el miedo. Recuérdame siempre que tu amor es más grande que cualquier amenaza. Amén.
Alcides Schlickmann