¡Ustedes, cautivos que mantienen la esperanza, regresen a su fortaleza! Les digo que voy a darles en bendición el doble de cuanto tuvieron que sufrir.
Zacarías 9,12
Zacarías, profeta del pueblo al regreso del exilio, invita a creer y confiar en el amor de Dios por encima de todo, especialmente en los momentos más difíciles de nuestras vidas. A confiar esperanzados en la misericordia de quién nos ha creado y dado vida. Allí donde el pesar y las preocupaciones se hacen presentes, donde la duda e incertidumbre atraviesan nuestras mentes y corazones, allí, sobreviene el poder de Dios para sostenernos y fortalecer nuestros pasos.
Martin Luther King, pastor bautista y activista por los derechos civiles, asesinado por su testimonio de fe, dijo cierta vez lo siguiente: “Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano. La esperanza es esa utopía que sostiene nuestro caminar y nuestro testimonio. Nuestro andar de cada día siguiendo las huellas de aquél que abre camino en el desierto, que, viniendo a nuestro encuentro, nos levanta una y otra vez. Compartir este sentir con el que sufre, con el cansado y abatido, hace posible la caminada. Pues, se aliviana la carga cuando esta se comparte. Qué podamos ser pródigos en abrazos fecundos, en gestos y palabras cargadas de esperanza”.
Esperanza de aquél que confía y cree que nunca morirá el sueño si hay quien sueña con ese mundo de iguales, de mirada profunda, del otro entrelazado conmigo en la marcha cotidiana, con la certeza cierta del sin conflicto y la armonía. No morirá el sueño, no, donde los proyectos no sean irrealizables, donde todo sea cosecha y beneficio, deseo cierto, esperanza…
David Juan Cirigliano