Ustedes saldrán de allí con alegría, volverán a su país con paz. Al verlos, los montes y las colinas estallarán en cantos de alegría y todos los árboles del campo aplaudirán.
Isaías 55,12
Sofía siempre soñó con viajar a la montaña. Un día, después de mucho esfuerzo, llegó a la cumbre y se quedó en silencio. A su alrededor, el viento jugaba entre los árboles, los ríos serpenteaban el valle y las nubes parecían bailar con el sol. En ese momento, entendió algo profundo: la creación misma celebra la vida que Dios da.
Este pasaje es una invitación a caminar confiados. No porque el camino sea siempre fácil, sino porque Dios nos guía con paz. A veces, enfrentamos días grises o senderos inciertos, pero su promesa es que nuestra historia no termina en el dolor, sino en la restauración.
En vez de zarzas crecerán pinos, en vez de ortigas crecerán arrayanes; donde hubo angustia, florecerá la esperanza. Dios no solo cambia las circunstancias, sino que nos cambia a nosotros, dándonos un nuevo horizonte.
Hoy, levantá la mirada. El futuro que Dios tiene preparado está lleno de vida. Salí al encuentro de sus promesas con alegría en el corazón.
“El cielo canta alegría, ¡Aleluya! porque en tu vida y la mía brilla la gloria de Dios” (Cancionero Canto y Fe Nº 163).
Clara Meierhold