Confirmación de Oro en El Potrero

La noche del domingo 8 de febrero de 2026 quedó grabada en la memoria de la comunidad de El Potrero como una página luminosa de su historia. En medio del campo entrerriano, aquella iglesia blanca que se recorta sobre la loma y que integra la Congregación Evangélica San Antonio de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) abrió nuevamente sus puertas para abrazar el pasado y agradecer el presente. Fue el tiempo de conmemorar los cincuenta años de aquella confirmación en la que, siendo adolescentes, mujeres y varones dijeron “sí” a Cristo, aceptándolo como guía y sostén de sus vidas.

 

Medio siglo después, las voces son otras y los caminos recorridos han dejado huellas profundas. Algunos no pudieron estar, otros descansan ya en la patria celestial. Sin embargo, la comunión fue real y entrañable. Porque cuando la memoria se enciende en gratitud, las ausencias también se vuelven presencia. La celebración fue ocasión para compartir anécdotas, sonreír ante recuerdos que parecían dormidos y redescubrir aquello que, como a muchos de nosotros, marcó el rumbo de sus vidas: el curso de confirmación.

 

 

El templo, que ha visto pasar generaciones, permanece hoy como testigo sereno de una historia tejida con alegrías y tristezas, con bautismos, bodas y despedidas. El éxodo de muchos campesinos hacia la ciudad ha reducido la vida cotidiana de la comunidad, pero no ha apagado su llama. Las paredes pueden parecer silenciosas, pero guardan ecos de cantos, oraciones susurradas y promesas pronunciadas. No son solo ladrillos, son memoria viva del andar compartido de una comunidad que sigue dando testimonio del Resucitado.

 

La pequeña comunidad rural de El Potrero, miembro de la Congregación Evangélica San Antonio, continúa siendo signo de esperanza en medio de los campos. Aunque el número sea reducido y los desafíos muchos, allí donde dos o tres se reúnen en el nombre del Señor, Él se hace presente en medio de ellos. Y así, en la sencillez de un Culto conmemorativo, resonó —tal como lo hiciera su campana— nuevamente la invitación de Jesús en el Evangelio de Mateo 5:13-20: ser sal de la tierra y luz del mundo.

 

La confirmación de oro fue una confesión renovada de que las promesas pronunciadas en la adolescencia no quedaron en el aire, sino que encontraron sustento en la gracia del Dios de la vida. Y de que la comunidad, aunque pequeña y dispersa, sigue siendo espacio de encuentro y consuelo. Que el Señor bendiga a las y los confirmandos de oro, que fortalezca sus pasos y renueve su alegría. Y que bendiga también a la comunidad de El Potrero, para que continúe siendo faro en la loma, testimonio humilde y firme del Resucitado. Porque mientras haya memoria y fe compartida, siempre habrá amanecer en aquel campo.

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