Domingo 14 de junio

3° domingo después de Pentecostés | 11° en el año

Pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla.

Mateo 9,38

Vivir esta invitación es abrir el corazón a una nueva forma de estar en el mundo. No se trata solo de pedir más obreros, sino de disponernos también a ser parte de esa tarea, construyendo relaciones que reflejen la presencia de Dios. La misión a la que somos llamados no se vive en soledad: en Cristo ya no somos extraños ni forasteros, sino miembros de una misma familia, unidos por el Espíritu que nos habita.
Este texto nos invita a vernos como parte de una siembra y una construcción viva, donde cada persona es un trabajador y una piedra colocada con propósito. La fe no es una experiencia aislada, sino una tarea compartida, edificada sobre el fundamento de los apóstoles, con Cristo como piedra angular.
Muchas vidas distintas pueden formar una sola comunidad. Cada una aporta su historia, su ritmo, su forma de ser, y juntas revelan la armonía que nace del amor. Así también en la comunidad de fe: cada gesto suma, cada presencia edifica y cada trabajo en la cosecha acerca el Reino.
Cristo no solo vino a reconciliar, sino también a enviar. Su mensaje transforma lo que antes estaba dividido y lo convierte en comunión. La alabanza que brota de esta unidad no es solo celebración, sino también testimonio de que Dios sigue sembrando y levantando obreros para su mies.

Tamara Dietze Reckziegel

 

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print