Domingo 17 de mayo

7°domingo de Pascua | Exaudi

Yo no voy a seguir en el mundo, pero ellos sí van a seguir en el mundo, mientras que yo me voy para estar contigo. Padre Santo, cuídalos con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo.

Juan 17,11

Leyendo el evangelio de hoy, recordé un día en que estábamos con mis hermanos en la casa de mis padres, hurgando en la caja de las fotos, esa que en la mayoría de casas solía haber. Fue entonces que encontramos una carta que, en su momento, yo les había dado con ciertas indicaciones sobre cómo cuidar a mis hijos en un fin de semana que nos íbamos a un encuentro de la iglesia.
Realmente no podíamos parar de reírnos y hacer comentarios sobre lo minuciosa que eran las mismas: horarios de levantarlos, dormir, ropa y calzado que debían ponerles según el clima, comidas permitidas, qué jarabe debían darle si tenían tos u algún otro posible problema de salud y una insistencia sobre dónde llamar por cualquier urgencia.
Dejar al cuidado de otras personas a quienes amamos, dependiendo de las circunstancias, también de nuestros vínculos y las formas de ser, es algo que a veces no solo nos ocupa, sino también nos preocupa. Queremos tener la seguridad de que van a estar bien cuidados en todo tiempo.
Jesús oró, encomendó a Dios pidiendo que guardara y protegiera a los suyos del mal; vemos esa confianza que se da en un vínculo de profunda unión. Cuánto necesitamos recordar cada día, que con su gracia nos bendice y nos invita a dejarnos a su cuidado sabiéndonos en sus manos. Su carta, la del evangelio de hoy, nos recuerda, una vez más, cuánto nos ama.

Marisa Andrea Hunzicker

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