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Y Jesús lloró.
Juan 11,35
A menudo escuchamos la frase “la muerte forma parte de la vida”, como una forma de normalizar una situación de fallecimiento inevitable, de consolar a alguien que está transitando un luto o, simplemente, de justificar la muerte de forma simplista. El texto de Juan 11,1-45 nos cuenta cómo Jesús recibió la noticia de la enfermedad y muerte de su amigo Lázaro y cómo actuó al llegar a la ciudad de Betania, en su encuentro con María y Marta, cuatro días después del sepultamiento de su hermano. Aunque tenía la certeza de que resucitaría a Lázaro (v. 23), Jesús no pudo evitar sumarse al luto y al dolor de la familia y llora (v. 35).
Este gesto de Jesús fue reconocido como una expresión de amor a la familia y a Lázaro por los que allí estaban. La vida de fe de un cristiano debe estar marcada por la empatía y por caminar junto a quienes sufren. La fe no debe servir para deshumanizar al otro, aunque tengamos mucha convicción o certeza. La creencia en una vida después de la muerte no debe hacernos insensibles a lo que sucede en esta vida; al contrario, somos llamados a alegrarnos con los que se alegran y a llorar con los que lloran (Rm 12:15), y a vivir la vida sin dejar que lo que vendrá cambie nuestra forma de vivir hoy. Jesús dio una certeza a Marta y a María; ahora les tocaba a ellas confiar y esperar. Vivir la esperanza para un cristiano significa confiar en aquel que dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que todavía está vivo y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”.
Oración: Dios de la vida, en tus manos ponemos nuestro presente y nuestro futuro ayúdanos a ver en el dolor del otro nuestro dolor, con la paciencia y el amor de los que esperan en ti. Amen.
Paulo Eduardo Siebra Andrade