6° domingo de Cuaresma | Domingo de Ramos
Mira, tu Rey viene a ti, humilde, montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga.
Mateo 21,5
Jesús entra a Jerusalén montado en un burro. No en un caballo de guerra. No con coronas ni ejércitos. Su grandeza está en la humildad. Es el Rey, pero se acerca como uno más.
Esa imagen me interpela. ¿Cómo me acerco yo a los demás? ¿Desde la superioridad o desde la sencillez? En el trabajo con comunidades, en el cuidado de la creación, he aprendido que lo más transformador no es imponer, sino escuchar. No es mostrar poder o conocimiento, sino compartir el pan y la lucha.
Jesús confió su misión a personas comunes. Los discípulos obedecieron con fe. La gente cortó ramas, tendió sus capas, gritó de alegría. Hoy también necesitamos esos gestos humildes: una mano tendida, una palabra sincera, un compromiso silencioso.
Cuando preguntan “¿Quién es este?”, quiero que puedan ver en mí —y en nosotros— un poco de ese Jesús: sencillo, justo, cercano.
Jesús humilde, enséñame a caminar con sencillez. Que mi vida refleje tu luz, no por grandeza, sino por servicio. Que sepa estar con otros, no por encima, sino al lado. Amén.
Romario Andrés Dohmann