Domingo 31 de mayo

Trinidad

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las co- sas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Mateo 28,16-20

Este pasaje nos muestra a un Jesús resucitado que confía en sus discípulos, a pesar de sus dudas y fragilidades. No espera un grupo perfecto, sino una comunidad dispuesta a caminar en fe. Esto es una buena noticia: Dios confía en nosotros incluso cuando nuestra fe es pequeña.
El envío de Jesús no es hacia unos pocos, sino “a todas las naciones”. La misión cristiana no es conquistar ni imponer, sino anunciar con palabras y hechos la buena noticia del Reino: justicia, amor, reconciliación y esperanza. En clave luterana, esto significa que el Evangelio no es un peso moral, sino gracia que libera. Ser discípulos es vivir la fe en comunidad, en el servicio al prójimo, especialmente al que sufre y es marginado.
Jesús promete su presencia: “Yo estoy con vosotros todos los días”. No estamos solos en la misión. La Iglesia camina acompañada por Jesús, que nos fortalece en medio de los desafíos. Nuestra tarea es sembrar semillas del Reino en medio de un mundo marcado por desigualdades, conflictos y desesperanza. Confiamos en que su Espíritu actúa en nosotros, y a través nuestro, hasta el fin de los tiempos.

Camila Weiss Bohl

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print