Domingo 5 de abril

 

Domingo de Pascua de Resurrección

 

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos… Y es que aún no habían entendido la Escritura, que dice que era necesario que él resucitara de los muertos. Y los discípulos se volvieron a sus casas… Entonces María Magdalena fue y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también les contó lo que él le había dicho.

 

Juan 20,3-4. 9. 10. 18

 

Muchos seguidores y seguidoras de Jesús corren y corren en su peregrinar de la fe, corren cansadas de tanto correr, y pareciera que aún no han entendido que Jesús tenía que resucitar, que Jesucristo resucitó, que él vive entre nosotros, que él es nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestra esperanza.
Entonces les pasa como a Pedro y Juan, ambos afanados y afanosos, corriendo solos la carrera de la fe, entre el “creo y ayuda mi incredulidad”, tan agotados en sus tareas en el trabajo, entre sus familias y en la iglesia, que finalmente se vuelven a sus casas.
De tanto correr, ahora necesitan unas vacaciones de la fe. María Magdalena llora, ruega por Jesús, su maestro, y descubre que es él, el resucitado, su Señor, el hijo de Dios y el padre de ella y padre de sus hermanas y hermanos. Entonces ella sale y les cuenta a todos los discípulos que ella ha visto al Señor y también les cuenta lo que él le había dicho.
Sin tanto correr, fue la primera testigo de la fe en el resucitado. Hemos visto al Señor, él nos habló, contamos lo que él nos dijo, vivimos en la alegría de ver al Señor.

 

Guido Bello

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