El 15 de marzo de 2026 falleció en Crespo, Entre Ríos, Argentina, la diácona emérita Irene Carmen Weinzettel, ministra ordenada de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) 15 de diciembre de 1991. Tenía 68 años y murió a causa de una insuficiencia cardíaca.
Irene Carmen Weinzettel nació el 15 de septiembre de 1957 en la Ciudad de Buenos Aires. Era hija de Ernesto Carlos Weinzettel y María Matilde Schneider. Desde joven desarrolló una profunda fe cristiana y un fuerte compromiso con la iglesia en la que creció y en la que su vocación de servicio fue tomando forma. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer que siempre vivió su fe con alegría y sensibilidad.
Con el deseo de servir mejor a las personas más vulnerables, estudió Trabajo Social en la Universidad de Morón, carrera de la que egresó el 6 de diciembre de 1986. Posteriormente profundizó su vocación diaconal a través del programa EDUCAB (Educación Abierta) del entonces Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET).
A partir de 1988 realizó sus prácticas diaconales en el Hogar de Adolescentes de Urdinarrain, Entre Ríos, perteneciente a la Congregación Evangélica San Antonio. Entre 1992 y febrero de 1999 trabajó en el Hogar San Juan de la Congregación Evangélica San Juan, en Eldorado, Misiones. Ese mismo año participó de una capacitación organizada por la Federación Luterana Mundial junto con la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil.
Entre los años 2000 y 2001 tomó licencia en su ministerio y se desempeñó en la Municipalidad de Montecarlo, Misiones. En agosto de 2002 retomó su servicio a tiempo completo en el ámbito institucional de la IERP, integrándose al proyecto Con el Corazón Abierto en Charata, Chaco, donde trabajó hasta febrero de 2007.
Ese mismo año contrajo matrimonio con el pastor Carlos Duarte. Ambos se trasladaron a Young, Uruguay, donde Duarte fue llamado al ministerio pastoral. Más tarde, al ser elegido Duarte pastor presidente de la IERP, la pareja se mudó a Buenos Aires. La muerte de Duarte, en enero de 2018, fue un golpe profundo para su vida. Posteriormente Irene se trasladó a Crespo, ciudad donde vivió hasta su fallecimiento.
Más allá de los lugares donde sirvió, quienes compartieron su vida y ministerio destacan en ella una espiritualidad profundamente marcada por la alegría. Era una persona empática, cercana, con un fuerte espíritu misionero y un amor sincero por el prójimo. Incluso en medio de la enfermedad, mantuvo hasta el final su sentido del humor y su capacidad de poner un tono festivo en los espacios que habitaba.
Tenía también alma de artista. De joven disfrutaba cantar y tocar la guitarra, y a lo largo de su vida cultivó intereses como la fotografía y la pintura. La sensibilidad artística y la vocación misionera convivían en su manera de vivir la fe. Su vida estuvo marcada por el deseo de encarnar los valores del Evangelio: acompañar, servir y cuidar a las personas, especialmente a quienes más lo necesitan. En ese camino dejó una huella de entrega, valentía y esperanza.
Quienes la recuerdan señalan que Irene dio todo por la misión que Dios le confió. Su paso por las comunidades, proyectos e instituciones donde sirvió deja el testimonio de una fe vivida con alegría y de un corazón profundamente comprometido con la iglesia y con el prójimo.
