Jueves 14 de mayo

Ascensión de Cristo

Galileos, ¿por qué se han quedado mirando al cielo? Este mismo Jesús que estuvo entre ustedes y que ha sido llevado al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse allá.

Hechos 1, 11

Una de las cosas más bellas que existen es poder mirar el cielo. Tal vez pocas veces nos detenemos a contemplar la inmensidad y la belleza del cielo infinito —aquella primera creación de Dios. Desde allí, Dios ha bendecido a la creación, y nuestro instinto humano es buscar lo divino en las alturas, en las extensas nubes que cubren la tierra.
Quienes nos precedieron en la fe miraban al cielo esperando el obrar de Dios. Pero un día, el Señor los sorprendió: dejó los cielos y se encarnó en Jesús de Nazaret. Así, el Dios del cielo se hizo carne, tal como lo revela el evangelio de Lucas. Aquellos que lo siguieron encontraron en él la luz, la esperanza y la salvación.
Sin embargo, el mismo que vino al mundo un día tuvo que volver al cielo. Y ante la mirada detenida de sus discípulos, los mensajeros de Dios los invitaron a volver la vista hacia la tierra. La pregunta que escucharon —“¿por qué siguen mirando al cielo?”— no fue un reproche, sino un llamado: no quedarse solo en la contemplación, ni encerrarse en una fe que espera sin actuar.
También hoy corremos el riesgo de quedarnos solo en lo espiritual, esperando soluciones desde lo alto, sin reconocer que Dios también actúa en la cotidianidad de nuestra vida. Por eso, la ascensión no significa ausencia. Jesús no se aleja para desentenderse del mundo, sino para estar más presente que nunca: por medio de su Espíritu, en medio de la comunidad, en cada acto de amor al prójimo. Que así sea. Amen

Raúl Müller

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