Jueves 16 de abril

Con estas palabras Pedro les habló y les aconsejó, diciéndoles: “¡Apártense de esta gente perversa!”. Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados; y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas.

Hechos 2,40-41

Nos apena ver a una persona buena malograr su vida por un momento de debilidad en el que no supo decir “no”.
El apóstol veía a hermanas y hermanos tentados de unirse a quienes vivían en contra de Dios y de su prójimo. Su llamado “apártense de esta gente perversa” suena como el del Salmo 1, 1-2: “Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día”. Ese “apartarse” consiste en estar en medio de la gente, pero manteniendo una fe y un amor a Cristo que no cambian según la ocasión, las personas con quienes nos relacionamos o la fuerza de la corriente dominante. Vamos a donde sea con esa fe y ese amor para servir a amigos y enemigos, pecadores y salvos, a quienes afirman creer y a quienes no, a cada persona. Es lo que Cristo mismo hizo en su ministerio, cuando, según la visión de sus adversarios, se mezcló escandalosamente con pecadores y gente de mala fama, porque vino a salvar “a los pecadores y no a los justos”. Que Cristo nos ayude a apartarnos de lo malo para vivir cerca de los demás según el amor y la misericordia de Dios. Amén.

Delcio Källsten

 

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