Precisamente porque dispones de tan gran poder, juzgas con bon- dad y nos gobiernas con gran misericordia, porque puedes usar tu poder en el momento que quieras. Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el hombre justo debe ser bondadoso, y llenaste a tus hijos de una bella esperanza, al darles la oportunidad de arrepentirse de sus pecados.
Sabiduría 12,18-19
Hace muchos años, una mujer presenció la muerte de su hermano en manos de un adversario político. Tiempo más tarde, mientras la joven trabajaba como enfermera en un hospital, reconoció que uno de sus pacientes era precisamente la persona que había asesinado a su hermano. El hombre estaba muy enfermo, debatiéndose entre la vida y la muerte. Del cuidado de ella dependía su vida. Sin embargo, en lugar de vengarse, la enfermera luchó por salvarle la vida, y lo consiguió.
Cuando el hombre supo quién había sido su enfermera, la miró lleno de asombro, y le preguntó: “¿Por qué no me dejó morir?”, la mu- jer le respondió: “Porque soy cristiana. Y Jesús, mi maestro, perdonó a sus enemigos, que lo crucificaron. Yo debo hacer lo mismo por el amor que él me tiene a mí, y por el amor que siento hacia él”. El hombre, con la voz entrecortada por la emoción, alcanzó a decir: “Si es eso lo que significa ser cristiano, yo también quisiera serlo”.
Seguramente estas historias son excepcionales, pues no nos resulta tan fácil superar el dolor y perdonar. Y más todavía si tenemos la oportunidad de vengarnos por el mal que nos han hecho. Esto no significa la impunidad de un delito probado ante la justicia.
El autor del libro de Sabiduría nos recuerda que Dios, aún con toda su autoridad y su poder de hacer justicia por nuestros pecados, opta por actuar con misericordia, dándonos la oportunidad de arrepentir- nos porque anhela otorgarnos su perdón.
“Heme pues en tu presencia, / líbrame de mi ansiedad; / que es tan grande tu potencia / como es grande tu piedad; / y jamás han recurrido / sin buen éxito a tu amor, / por consuelo el afligido, / por perdón el pecador” (Cancionero Canto y Fe Nº 121).
Bernardo Raúl Spretz