Jueves 20 de noviembre

 

El Señor afirma: Vendrá un día en que haré que David tenga un descendiente legítimo, un rey que reine con sabiduría y que actúe con justicia y rectitud en el país.

 

Jeremías 23,5

 

La época del profeta Jeremías estuvo muy convulsa: mentiras, violencia, injusticia hacia el prójimo, dureza de corazón y olvido de Dios tanto en la esfera política como en la pública y privada. Jeremías utiliza la palabra “pastores” para referirse a los “reyes”, ya que Dios
los había ungido para que cumplieran su voluntad, desempeñando ambas funciones. Sin embargo, no cumplieron con ese mandato. En nuestra realidad, llena de conflictos, también nuestras autoridades a menudo no respetan sus compromisos. En cualquier caso, nuestra obediencia primordial debe ser hacia Dios.
Muchas veces, la elección de las autoridades civiles es tan difícil como la elección de un pastor o pastora para cubrir una vacante en una congregación. Se espera mucho de ellos: que sean buenos teólogos, que puedan interpretar las escrituras según su significado original, que sean buenos predicadores y puedan comunicar la palabra de manera clara y libre, que puedan detectar las necesidades espirituales de su feligresía, que sean buenos misioneros y que sean aceptados por todos los miembros de la comunidad, desde los niños hasta los ancianos y enfermos moribundos, además de ser buenos
visitadores.
Y aquí nos enfrentamos a un desafío. Ningún ser humano puede cumplir todos los “requisitos”. Somos interpelados sobre si conocemos o no las necesidades espirituales y la vida de nuestra gente, y cómo nos comprometemos con nuestra iglesia.
La profecía de Jeremías se cumplió en el gran pastor Jesús. La forma en que él valoró la vida humana, cómo actuó en la vida de la gente y se involucró en sus dolores, tristezas e injusticias, pero también en sus alegrías, debería ser nuestro faro en medio de estos tiempos convulsos. Deberíamos construir una sociedad más justa e inclusiva, donde podamos ser pastores de nuestros prójimos, obedeciendo y encarnando la palabra del Dios del amor, la vida y la justicia.

 

Dieter Thews

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