Jueves 25 de junio

Pero cuando un profeta anuncia prosperidad, solamente si se cumplen sus palabras se comprueba que realmente el Señor lo envió.

Jeremías 28,9

Vivimos en un tiempo de mucha información que nos llega a través de celulares, computadoras, radios, televisión, conversaciones con vecinos o familiares. Muchas de ellas apuntan a necesidades o temores de las personas: económicas, salud, seguridad, violencia. A veces cuesta mucho saber si son informaciones ciertas o falsas.
Si hay problemas meteorológicos, por ejemplo, uno puede escuchar voces que dicen: está escrito, es el fin de los tiempos… Y nosotros ¿somos seres pasivos que tendemos a esperar nomás? ¿Nos cuestionamos si nuestras acciones no tienen efectos en el medio ambiente?
También solemos escuchar: éste es tu año, todo lo que emprendas te irá bien porque los planetas están alineados… Algunos pasivamente lo creen y lo militan. Pero muchas veces las cosas no se dan. Las situaciones del contexto, la realidad de la sociedad, la economía del país, etc., no se alinean con los planetas.
El profeta Jeremías advierte, que hay que poner a prueba los anuncios: “solamente si se cumplen sus palabras se comprueba que realmente el Señor lo envió”. Recordamos una celebración religiosa de sanidad, a la que asistimos hace muchos años. Allí anunciaban: vengan con fe y verán el milagro de la mano salvadora de …. Nunca olvidaremos el rostro de esperanza de una pareja joven que pasó al frente con un niño que, desde lejos, parecía tener parálisis cerebral. Y el oficiante ordenó: pongan al niño que va a ser sanado en el suelo. Y les anunciaba una vida feliz y sana al niño y sus desesperados padres. Qué tristeza nos dio, no porque Dios no pudiera actuar, sino porque las palabras del oficiante eran falsas. El anuncio de salud no se cumplió. No pasó la prueba que propone el profeta.
En lugar de tantos anuncios de prosperidad debiéramos seguir los pasos y las enseñanzas de Jesús, que en los momentos previos a la cruz clamó a su Padre: “que se haga tu voluntad”.

Doris Arduin y Germán Zijlstra

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