Ustedes que honran al Señor y escuchan la voz de su siervo: si caminan en la oscuridad, sin un rayo de luz, pongan su confianza en el Señor; apóyense en su Dios.
Isaías 50,10
Entre las muchas enseñanzas que dejó la pandemia del Covid-19 está que la humanidad es extremadamente frágil. El ser humano es tan débil, en el reino animal, que necesita extremado cuidado desde muy pequeño y por muchos años. Cuando aprendemos a caminar necesitamos de alguien que nos enseñe, nos acompañe y -sobre todo- que nos sostenga, al menos en los primeros pasos, y también nos aliente cuando nos caemos. Cuando somos un poco más grandes, y ya sabemos caminar, en ciertas circunstancias necesitamos que otros nos apoyen a continuar el camino porque ante cada bifurcación la duda nos acecha. Allí es cuando, inevitablemente, nos preguntamos: ¿para dónde debo ir?
El profeta Isaías nos da una clave: “pongan su confianza en el Señor; apóyense en su Dios”. ¿Y cómo hago eso? No debemos de perder de vista que Dios es con nosotros, en nosotros y a través de nosotros. Cuando nos encontremos en tiempos de oscuridad confiemos y compartamos la carga entre hermanos y hermanas en la fe que, al igual que nosotros, tienen miedos y dudas, pero al mismo tiempo la entereza de seguir caminando sintiéndose acompañados.
David Cela Heffel