Jueves 28 de marzo

Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros.
Juan 13, 34

Estaban muy cansados. Todo el fin de semana habían trabajado duro: desde el viernes hasta el domingo. Algunos incluso comenzaron antes, elaborando chorizos y preparando postres. El presidente de la Comisión Directiva junto con el hijo de la catequista; la pastora al lado de los asadores; el verdulero junto al equipo de cocina; la encargada de los baños al lado de Marcela, quien había cuidado a Valentino para que su madre pudiera trabajar como moza. Habían trabajado, sí, juntos y al mismo ritmo, y la fiesta había sido un completo éxito. Sentían una inmensa necesidad de descansar. Sin embargo, por encima de eso, brillaba la satisfacción de haber trabajado para la gloria de Dios en un ambiente ameno, fraterno y completamente equitativo.

Porque, ¿qué tiene de malo que un presidente de Comisión Directiva o una pastora se pongan manos a la obra al igual que cada obrero del rebaño? Ser uno entre pares y mostrar con el ejemplo lo gratificante que es trabajar al mismo ritmo que cualquiera no les quita autoridad, sino que, al contrario, se la otorga. Porque el servicio es amor. Y porque ni siquiera Jesús permitió que le sirvieran, sino que se arrodilló delante de sus discípulos para lavarles los pies. Es cierto: en el mundo no es así. Quien está arriba, manda; y quien está abajo, responde. Pero entre nosotros no debe ser así, nos enseña Jesús. Porque la grandeza se manifiesta en el servicio, y solo poniéndonos a la par de los demás seremos verdaderos discípulos.

El Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida como precio por la libertad de muchos. (Mateo 20,28)

Annedore Venhaus
Juan 13, 1-17.31b-35
Tema: Servicio

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