Jueves 3 de abril

 

Ahora dice el Señor a su pueblo: “Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado”.

 

Isaías 43,18.

 

Solemos tener cierta obsesión por el pasado. Nos aferramos a él como si no tuviéramos esperanza, como si todo estuviera perdido. En ese afán, perdemos la oportunidad de enfocarnos hacia adelante, en lo que realmente podemos esperar que cambie y mejore. Sobre el pasado no podemos incidir, pero sobre el futuro, en cierta medida, sí. A menudo, nos paralizamos por la angustia, el miedo y la inseguridad. Incluso nos reconfortamos con frases como “mejor malo conocido que bueno por conocer” para avalar e incluso justificar situaciones que, de otro modo, consideraríamos injustas o dolorosas. Por eso, las palabras de Isaías son una exhortación de Dios a su pueblo a desprenderse y soltarse de ese aferramiento al pasado, que estanca y paraliza, incluso cuando se refiere a cosas positivas. Así deberíamos entender que, si no queremos quedarnos estancados, debemos abrir nuestros corazones y nuestras mentes para recibir la esperanza de que Dios nos guiará.

“Por eso es que hoy tenemos esperanza; por eso es que hoy luchamos con porfía; por eso es que hoy miramos con confianza, el porvenir en esta tierra mía…” (Canto y Fe número 223).

 

Christian Bernhardt

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