Oigan esto, ustedes que oprimen a los humildes y arruinan a los pobres del país; ustedes que dicen: “¿Cuándo pasará la fiesta de la luna nueva, para que podamos vender el trigo? ¿Cuándo pasará el sábado, para que vendamos el grano a precios altos y usando medidas con trampa y pesas falsas?”.
Amós 8,4-5
Si hacemos caso a las palabras del profeta Amós dirigidas a las clases dominantes que generaban riquezas a costa de dificultar la vida de los más empobrecidos, veremos que las injusticias cometidas hace tantos siglos no son muy diferentes de las que podemos ver hoy en día. Hoy también se hace trampa, hoy también hay quienes están de fiestas y banquetes mientras las mayorías empobrecen.
Y el precio de la fiesta siempre lo terminan pagando las personas con menos recursos. Es escandaloso. Hoy van a misa, al culto, a la iglesia, y mañana siguen con los valores del mercado, que poco importan las vidas oprimidas y arruinadas de las personas pobres porque, para ellas y ellos, son “los pobres del país”. Es triste que hoy se pueda comulgar y mañana seguir perpetrando injusticias.
Que lindo sería un mundo donde los salarios sean justos, donde a nadie le falte el pan, donde se compartan las cosechas y se abran las puertas para que todos puedan entrar a la fiesta. Que lindo sería un mundo donde el amor y la paz que proclamamos sea una vivencia diaria, en especial en la vida de quienes hoy más sufren. Si podemos hacer algo concreto para expresar solidaridad y justicia con esas poblaciones humilladas y arruinadas, hagámoslo. Porque, en definitiva, a eso hacía referencia Jesús cuando hablaba de ese Reino nuevo que había que hacer realidad desde la comunidad de seguidores y seguidoras. Y también de eso se trata el ingreso a su reino. “Porque tuve hambre y me dieron de comer”. Que así sea. (Puedes repasar las palabras de Jesús referidas al ingreso al reino leyendo Mateo 25,31-46).
Jorge D. Zijlstra Arduin