Jueves 4 de junio

Porque lo que quiero es amor, no sacrificios; conocimiento de Dios, más que ofrendas quemadas.

Oseas 6,6

Las palabras de Dios en este pasaje no son duras por castigo, sino por tristeza. Él ve cómo su pueblo se acerca con gestos religiosos, pero sin profundidad. La fidelidad dura poco, como el rocío que desaparece apenas amanece. Lo que Dios anhela no es una ceremonia perfecta, sino una relación sincera.
Muchas veces creemos que cumplir con lo externo basta: asistir, repetir, ofrecer. Pero si el corazón no está presente, todo eso pierde sentido. Dios no rechaza nuestras acciones, pero quiere que nazcan del amor, no de la costumbre.
Un gesto pequeño, hecho con cariño, vale más que mil palabras vacías. Lo que realmente toca el corazón de Dios es la sinceridad, la compasión, el deseo de conocerlo de verdad. No busca apariencias, sino profundidad.
Volver a él es dejar de aparentar y empezar a vivir con coherencia. Es dejar que su mirada nos transforme, que su voz nos despierte, que su amor nos enseñe a amar.

Paola Dietze Reckziegel

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print