Jueves 5 de marzo

Yo estaré esperándote allá, sobre la roca, en el monte Horeb. Golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba la gente.

 

Éxodo 17,6

 

En medio del desierto, ante la sed del pueblo, Dios toma la iniciativa. Indica un lugar, señala una roca y promete que de ella saldrá agua. No se trata solo de una solución práctica, sino de un acto de revelación que no se manifiesta como un evento extraordinario, sino como una forma de interpretar su acción en lo cotidiano y como respuesta a una petición, un reclamo, una necesidad. La revelación da sentido a los sucesos desde una perspectiva de fe, que siempre es comunitaria.
Este relato, que forma parte de una tradición de reclamo y prueba, no busca simplemente narrar milagros del pasado. Es una palabra viva. Por eso lo llamamos mensaje: porque sigue hablándonos hoy y revelando lo sagrado en medio de nuestra vida y nuestra iglesia. La revelación no es algo terminado ni estático. Dios continúa mostrándose en nuestra vida cotidiana, en nuestros contextos, con nuestras preguntas, dudas, reclamos y anhelos.
Este proceso de liberación que Dios guía se construye en diálogo: con preguntas y respuestas, con tensiones, pero también con esperanza. Dios está actuando en medio de la vida, incluso en los momentos más áridos. Y lo hace con un propósito colectivo: no se trata solo de saciar nuestra propia sed, sino de abrir caminos para que toda la creación beba y se sacie.
La fe se transforma así en buena noticia cuando la compartimos sirviendo a los demás, cuando vivimos con gratitud el regalo que hemos recibido en Jesús. Y cada vez que la sed vuelva a aparecer en nosotros, en nuestras comunidades o en el mundo, Dios estará allí, esperándonos junto a la roca, dispuesto a dar agua nueva.
“La fuerza que hace hoy brotar la vida, obra en nosotros dándonos su gracia; es Dios quien nos convida a trabajar, su amor repartir y las fuerzas juntar”. (Cancionero Canto y Fe Nº 269)

 

Stefanie Kreher

 

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print