Jueves 7 de marzo

El Señor les envió serpientes venenosas, que los mordieron, y muchos israelitas murieron. Entonces fueron a donde estaba Moisés y le dijeron: “¡Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti! ¡Pídele al Señor que aleje de nosotros las serpientes!” Moisés pidió al Señor que perdonara a los israelitas, y el Señor le dijo: “Hazte una serpiente como ésas, y ponla en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, que mire hacia la serpiente del asta, y se salvará”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en el asta de una bandera, y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.
Números 21, 6-9

En el Evangelio de Juan leemos: «Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Juan 3, 14-15).

El evangelista da testimonio de estas palabras pronunciadas por Jesús en su diálogo con Nicodemo. En el contexto de esta conversación, Jesús anuncia lo que sucederá en su crucifixión y lo que esto implicará para quien crea: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3,16).

Al igual que en el desierto, cualquier persona mordida por el pecado puede ser salvada simplemente alzando la mirada hacia lo alto. Hacia esa cruz en la que cuelga Aquel que ha venido a darnos vida.

David Juan Cirigliano
Números 21, 6-9
Temas: salvación, vida eterna

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