¡Cuida, oh Dios, de mí, pues en ti busco protección! Yo te he dicho: “Tú eres mi Señor, mi bien; nada es comparable a ti”.
Salmo 16,1-2
En estos versículos, David le habla a Dios con total confianza. Le pide protección, pero también reconoce algo súper importante: todo lo bueno en su vida viene de Dios. No dice “una parte”, ni “a veces”, sino “todo”.
Hoy en día, estamos rodeados de muchas cosas que prometen hacernos felices: redes sociales, fama, dinero, relaciones, éxito. Pero si lo pensamos bien, ¿cuánto de eso realmente llena el corazón? El salmo nos recuerda que solo Dios puede ofrecernos una felicidad verdadera y duradera.
Cuando decimos: “Dios, tú eres mi Señor”, estamos tomando una decisión valiente. Significa que no queremos vivir dependiendo de lo que el mundo nos ofrece, sino caminar con Jesús, confiando en que Él sabe lo que es mejor para nosotros.
No se trata solo de pedir ayuda cuando todo va mal. Se trata de reconocer que Dios es lo mejor que tenemos, siempre. Él no falla, no abandona, y nunca deja de amarnos.
Así que hoy, anímate a hacer esta oración con sinceridad: “Señor, todo lo bueno en mi vida viene de vos. Quiero confiar en vos con todo mi corazón. Amén”.
Karina Arntzen
.