Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia.
Salmo 46,2
“El corazón humano es como un barco en un mar tempestuoso, empujado por vientos que soplan desde los cuatro puntos cardinales”. Así comienza Martín Lutero el prefacio a su traducción de los Salmos bíblicos. Lutero comprende profundamente el corazón humano. Ama los salmos porque expresan lo más íntimo del alma. Por eso, Lutero recomienda rezar y leer los salmos con frecuencia.
El Salmo 46 es un ejemplo de esto. Lutero no solo tradujo el Salmo, sino que también lo convirtió en un himno que ha sido mucho más que una canción durante largo tiempo. Muchos lo denominan la “Marsellesa de la Reforma”: “Castillo fuerte es nuestro Dios”. Este himno expresa desafío y se enfrenta tanto a la muerte como al diablo. Es un himno poderoso que también utiliza un lenguaje bélico, describiendo a Dios como “defensa y buen escudo”. Estas palabras e imágenes resuenan especialmente en una época marcada por numerosas guerras.
Me pregunto con qué sentimiento cantan “Castillo fuerte” los refugiados en Ucrania que lo han perdido todo. Cuando los visité en la región de Odessa, me contaron sus historias sobre la vida bajo la ocupación rusa. Para ellos, las palabras de Lutero, “Y si demonios mil están prontos a devorarnos”, reflejan una realidad tangible, pues, según me relataron, así actuaron los soldados rusos. Es una experiencia profundamente impactante. Durante mi visita, estuvimos en un templo de la iglesia luterana en Ucrania, y me dijeron que, a pesar de haber perdido todo, la iglesia sigue siendo un refugio. Finalizaron diciendo: “No temeremos, porque Dios sabrá cómo ampararnos.” ¿Podemos nosotros también expresar esta confianza en nuestras vidas, frente a nuestros desafíos? ¿Es Dios un castillo fuerte para nosotros?
Por eso vamos a orar: “Oh Señor, que tu seas nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia”.
Enno Haaks