Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.
Salmo 121,1-4
En medio de las dificultades cotidianas, cuando la incertidumbre nubla nuestro horizonte, el salmista nos invita a hacer algo simple pero profundo: levantar la mirada. No hacia nosotros mismos ni hacia lo que nos rodea, sino hacia lo alto, hacia Dios.
“¿De dónde me vendrá el auxilio?” Esta es una pregunta sincera que todos nos hemos hecho alguna vez. El mundo ofrece muchas respuestas, pero el salmista lo tiene claro: “Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”. No se trata de un poder cualquiera, sino del Creador de todo lo visible e invisible. El Dios que sostiene el universo es el mismo que cuida de ti.
En estos versículos se nos recuerda que Dios es nuestro guardián incansable. Él no duerme ni descansa. En cada paso, en cada noche de temor o en cada día de lucha, Dios permanece despierto, velando por nuestra vida. Mientras tú te agotas, Él te sostiene. Mientras du- das, Él permanece fiel.
Hoy, en este día especial, esta Palabra nos invita a confiar. Es un llamado para que miremos más allá de las montañas de nuestras preocupaciones, más allá de lo visible, y reconozcamos que nunca estamos solos. El Señor está a nuestro lado como un guardián atento, como un padre amoroso, como una fuerza constante.
Que este salmo nos anime a caminar con esperanza, sabiendo que nuestro auxilio viene del Dios que no se cansa de amarnos ni de cuidarnos. Amén.
Azul María Knecht