Lunes 25 de marzo

Porque en ti está la fuente de la vida y en tu luz podemos ver la luz.
Salmo 36,9

Para mí, el amanecer es un momento muy especial que me motiva a agradecer a Dios por ese instante y por la bondad de regalarme un nuevo día. Sin la luz del sol y su fuerza, la vida en la tierra no sería posible. Con la evolución tecnológica y la de los seres humanos mismos, ha crecido la ilusión de que somos nosotros la fuente de la vida. Los poderosos de la política y de la economía definen el rumbo de la tierra. ¡Cuántas veces escuchamos que el avance tecnológico no tiene límite y que la medicina no sólo vencerá todas las enfermedades, sino que incluso desafiará a la muerte! Una persona a la que no se le puede curar su enfermedad hoy se la congela hasta el día en que la curación sea posible.

El salmista se queja de la maldad de la gente que ignora las leyes de Dios y solo piensa en sí misma. Pero también proclama la fe en Dios, en ese Dios que protege y trata con amor a su creación. Esa fe, que es más fuerte que la maldad, le da fuerza, y también nos puede dar fuerzas a nosotros. En nuestras vidas muchas veces hacemos la experiencia de que todo avance tecnológico y toda medicina llegan a su límite, pero el amor de Dios es ilimitado. Puede ser que mañana no haya internet o teléfonos celulares, sin los cuales la vida hoy pareciera imposible. Puede ser que el médico diga que no hay remedio para determinado paciente. Pero de que hay un amanecer mañana, de eso podemos estar seguros. Y en cada amanecer, Dios nos muestra que él es la fuente de la vida y que ilumina nuestros caminos.

Qué maravilloso es tu amor, oh Dios. (Salmo 36,7)

Detlef Venhaus

Salmo 36,5-11
Tema: El amor de Dios

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