Lunes 5 de enero

 

El Señor se sienta como Rey para siempre.

 

Salmo 29,10

 

El Salmo 29 es un canto majestuoso que describe la voz del Señor resonando con poder sobre las aguas, tronando sobre la tormenta y sacudiendo los bosques. El salmista contempla la fuerza de Dios no como amenaza, sino como afirmación: el Señor reina sobre todo lo creado. Por eso concluye con una certeza que da paz: “El Señor se sienta como Rey para siempre” (v.10).
El mundo parece gobernado por fuerzas caóticas: la violencia, la injusticia, las crisis económicas, las tormentas literales y también las que se levantan en el corazón. Quisiéramos tener el control, pero la vida nos recuerda que somos frágiles y que nuestros planes se desarman con facilidad. Pero el Salmo 29 dice que hay que levantar la mirada: no gobiernan el azar ni la maldad; el Señor es Rey para siempre.
Saber esto significa algo muy profundo: el Dios que con su voz puede partir los cedros y mover los desiertos, es el mismo que mira a sus hijos e hijas con amor eterno. Su poder no es frío ni distante; es misericordioso y tierno. Por eso el salmo termina con una promesa: “El Señor dará fortaleza a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz” (v.11).
Confiar en que Dios reina no nos hace pasivos; nos da serenidad y esperanza para actuar con fe. Si su mano poderosa sostiene el universo, también puede sostener nuestras vidas, nuestras luchas y nuestros sueños. En medio del ruido y la tormenta, podemos descansar: el Señor gobierna y su amor es más fuerte que todo.

 

Eugenio Albrecht

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