Lunes 6 de julio

Tú colmas el año de bendiciones, tus nubes derraman abundancia.

Salmo 65,11

El salmista reconoce la abundancia en las maravillas que Dios ha creado. Las lluvias hacen que la vida siga recreando. Los ríos se llenan y sus aguas ablandan la tierra, refrescan los sembrados, producen alimentos y un verdor que cambia la superficie de la tierra, incluso en lugares áridos.
Es cierto que las nubes derraman abundancia. No obstante, el corazón endurecido persigue el sueño de un desarrollo “insostenible”. Gran parte de las benditas aguas de lluvia no entran en la tierra para cumplir su ciclo natural de evaporación y volver a caer. Con tanto pavimento y menos árboles y naturaleza verde, las aguas corren por los ríos hacia los mares, incrementando sus niveles e inundando incluso playas e islas.
La fidelidad a Dios implica la responsabilidad de cuidar la creación. Las razones financieras y de poder nos siguen llevando a la indiferencia y nos apartan de nuestra responsabilidad cristiana. Con fe, cultivamos una espiritualidad que se expresa en lo cotidiano y que nos involucra en los cambios que la sociedad necesita para alcanzar el equilibrio ecológico y construir un mundo mejor para las generaciones presentes.
Sigamos alabando a Dios con alegría, pero también con esperanza. Alabar a Dios significa llevar una vida activa que reconozca y vele por el equilibrio de la abundancia, sin explotaciones frenéticas. Velar por las políticas de protección de nuestra única morada es parte de nuestra responsabilidad cristiana.
Perdón, Dios, por tanto daño que nos causamos descuidando o destruyendo tu creación. Danos sabiduría y valentía para actuar a tiempo y ayúdanos en nuestra regeneración y la de tu creación. Amén.

Patricia Cuyatti Chávez

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print