Martes 10 febrero

 

El Señor, el que reina en el cielo, se ríe de ellos; luego, enojado, los asusta; lleno de furor les dice: “Ya he consagrado a mi rey sobre Sión, mi monte santo”.

 

Salmo 2,4-6

 

En estos tiempos, en los que estamos marcados por la desconfianza, nos resulta desafiante reconocer la soberanía de Dios y dejarnos guiar por Él. Lo podemos decir, incluso podemos llegar a intentarlo, pero asumir en la práctica que el Señor reina y conduce la historia es otra cosa.
Confiar, no solo en lo que nos conviene, o en lo que nos da la razón, confiar plenamente en la guía de Dios, en su palabra que nos interpela y nos fortalece… confiar desde la pregunta y no desde el ejercicio ciego de acatar una orden.
Dejarnos sostener, en medio de nuestra fragilidad, en nuestro peor momento… sabiendo que sólo así, lo que llegue será un regalo de Dios, una posibilidad para dar testimonio de su gracia, tiempo de agradecimiento.
Dice el Evangelio de Juan (8,32) que la verdad es la que nos hace libres, no el panfleto amarillista de los medios, ni el bombardeo de las redes sociales… la verdad de los cristianos es Cristo, el Rey consagrado por Dios, sólo Él nos hace libres, denunciando así cuáles son nuestras prisiones: el odio y la mentira.
La confianza y la verdad caminan juntas, si se distancian se desconocen y ya no podremos distinguir cuál es el rumbo, quién es nuestro camino.

 

“Tú me guías por las sendas de justicia, me enseñas la verdad.

Tú me das el valor para la lucha, sin miedo avanzaré. (…)

El Señor es la fuerza de su pueblo, su gran libertador,

tú le haces vivir en confianza seguro en tu poder”.

(Cancionero Canto y Fe N°217).

 

Peter Rochón

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