Martes 12 de mayo

¡Canten a Dios, reinos de la tierra, canten himnos al Señor, al que cabalga en los cielos, en los cielos eternos! Escuchen cómo resuena su voz, su voz poderosa.

Salmo 68,32-34

Cantar para escuchar cuánto y cómo resuena en nuestras vidas la voz poderosa de Dios, que es sostén y guía.
Cantar para comprender qué decisiones nos mantienen más cerca del camino de luz al que nos invita y convida.
Cantar para pedir ayuda, para pedir mayor entendimiento y claridad, para agradecer por sus enseñanzas que nos guían con sencillez y amorosidad.
Cantar para escucharnos y reconocernos en nuestra singularidad, para validar la manera única de hacerlo, dando lugar a la exploración y expresión de ideas y emociones, ya sea mediante palabras, como así también, mediante sonidos.
Cantar para afianzar el sentimiento de pertenencia a nuestra amada comunidad de fe, para abrazar nuestras raíces y las nuevas formas de encuentro; para resignificar, crear y compartir la música que nos permita profundizar nuestras creencias, nuestros lazos y alcanzar nuevos niveles de entendimiento.
Y entonces, ¿qué cantarías ahora? ¿cuál es la canción o himno que te resuena luego de esta reflexión? Te invito a cantar y te animo a sumar sonidos, melodías, palabras, a crear frases, para enriquecer desde tu propia experiencia en el día de hoy una canción que nos une e identifica como comunidad de fe.

Melisa Daiana Fischer

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