Bendeciré al Señor, porque él me guía, y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches. Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer.
Salmo 16,7-8
Estos versículos nos hablan de una relación cercana y constante con Dios. No es una fe solo de domingos o momentos difíciles, sino una comunión diaria, que incluso en la noche —cuando todo está en silencio o cuando llegan las dudas— sigue guiando nuestro corazón.
David reconoce que Dios no solo le da dirección, sino también estabilidad. Cuando dice: “con Él a mi derecha, nada me hará caer”, no está diciendo que no habrá problemas, sino que cuando Dios está cerca, no hay situación que pueda derrotarnos.
Muchas veces nos sentimos perdidos, confundidos o presionados por lo que el mundo espera de nosotros. Pero este salmo nos recuerda que, si mantenemos a Dios presente en nuestra vida, Él nos mostrará el camino, incluso en medio del caos.
Él es nuestro apoyo firme, nuestro GPS espiritual, nuestra guía cuando no sabemos qué decisión tomar. Y cuando todo parece tambalear, Dios está justo al lado nuestro, sosteniéndonos.
Hoy, hagamos un alto y preguntémonos: ¿Estoy dejando que Dios me guíe también en lo cotidiano? ¿Lo tengo presente cuando nadie me ve?
Con Dios a tu lado, no tenés que tener miedo: no vas a caer.
Karina Arntzen