Sea la gratitud tu ofrenda a Dios; cumple al Altísimo tus promesas. Llámame cuando estés angustiado; yo te libraré, y tú me honrarás.
Salmo 50,14-15
Es una petición muy sencilla la que Dios nos hace. Dios nos invita a clamar a Él en momentos de angustia y necesidad, y nos promete que estará con nosotros. Dios siempre está dispuesto a ayudarnos y escucharnos.
¿Y qué pide a cambio? No nos pide grandes sacrificios materiales, nos invita a ser agradecidos. ¿Pero cuánto nos cuesta agradecer? ¿Analizando un poco y mirando a nuestro alrededor, cuántas cosas tenemos para agradecer? Y, como dice un fragmento adaptado de la poesía de Facundo Cabral, hay tantas cosas por las que agradecer y nuestro paso por la tierra es tan corto que sufrir es una pérdida de tiempo.
Tenemos para agradecer la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de Perugia, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños y los puros de Davidoff.
Podemos disfrutar de Las mil y una noches, La divina comedia, El Quijote, Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y la poesía de Whitman; de Mahler, Brahms, Ravel, Debussy, Mozart, Chopin, Beethoven, Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Cézanne, Picasso y Tamayo, entre muchas otras maravillas.
La gratitud es un regalo doble, ya que nos anima, nos da alegría y satisfacción y da sentido a la vida. Habiendo tantas cosas que agradecer, nos perdemos en pequeñeces que no nos permiten mirar y entender el valor y el sentido real de la vida. Señor, enséñanos a ser agradecidos con todo lo que nos regalas.
Iris Reckziegel