Martes 24 de febrero

 

El Señor es tu guardián, el Señor es tu sombra protectora a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te protegerá de todo mal, protegerá tu alma. El Señor cuidará tu entrada y tu salida, ahora y por siempre.

 

Salmo 121,5-8

 

Este pasaje del Salmo 121 es un canto de confianza absoluta en la protección de Dios. Nos recuerda que no estamos solos en el camino, que Dios cuida de nosotros en todo momento, tanto en lo visible como en lo invisible, de día y de noche, en los grandes peligros y en los pequeños detalles.
En un mundo donde la incertidumbre puede llenar nuestros días, estas palabras son un ancla firme para el alma. “El Señor es tu sombra protectora” nos habla de una presencia cercana, constante, silenciosa pero poderosa. Como la sombra que nunca nos abandona mientras caminamos, Dios siempre está a nuestro lado.
Cuando el texto dice: “El Señor cuidará tu entrada y tu salida”, podemos pensar en nuestras rutinas diarias, en cada paso que damos, en cada decisión que tomamos y en cada desafío al que nos enfrentamos. Dios está con nosotros desde que salimos de casa hasta que regresamos, en nuestras alegrías y también en nuestras luchas.
Hoy, este salmo nos invita a descansar en la certeza de que somos cuidados, guiados y amados por un Dios que no duerme ni descansa y que guarda nuestra vida. Podemos avanzar sin temor, confiando en que él vela por nosotros “ahora y por siempre”.
“Y hasta tanto nos volvamos a encontrar, Dios te guarde en la palma de su mano, y hasta tanto nos volvamos a encontrar, Dios te guarde, Dios nos guarde en sus manos” (Cancionero Canto y Fe N° 152).

 

Azul María Knecht

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