Martes 3 de febrero

 

¡El hombre justo será siempre recordado! No tiene miedo de malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Su corazón está firme; no tiene miedo, y aun mira con burla a sus enemigos. Reparte limosna entre los pobres, su generosidad es constante, levanta la frente con honor.

 

Salmo 112,6-9

 

Nuestra fe en el Cristo resucitado nos da una esperanza inigualable de vida después de la muerte. Nos da certeza a la pregunta central de nuestra existencia: ¿Qué pasará con nosotros cuando el reloj de nuestros días en la tierra se detenga? Sin embargo, no es la única pregunta que tenemos ante ese suceso indelegable e inevitable de nuestra partida. También nos preguntamos: ¿Seremos recordados? ¿Por quienes? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?
El texto bíblico de hoy viene a nuestro auxilio con algunas respuestas a esta pregunta. Nos alivia saber que el ser humano que es tenido por justo delante de Dios será siempre recordado. ¿En qué consiste esa justicia? ¡En la firmeza de corazón! Esa firmeza de la que escribe el salmista, tiene que ver con nuestra confianza en Dios aun cuando nos acechen las malas noticias y no teniendo miedo a nada ni nadie que nos quiera hacer daño. Y también, el corazón firme del ser justos nos hace cercanos en misericordia a quienes tienen el corazón (cardio) lastimado o herido (miserable) por los demás. Nuestra justicia de buena y permanente memoria, la llevarán los pobres con quienes hemos sido generosos constantemente.
Oración: Señor, ayúdame a tener un corazón firme, a alejar el temor y acercar mi generosidad a los pobres para ser recordado siempre como una persona justa.

 

Marcelo Figueroa

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