Miércoles 11 de marzo

 

El Señor le dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar triste por causa de Saúl? Ya no quiero que él siga siendo rey de Israel. Anda, llena de aceite tu cuerno, que quiero que vayas a la casa de Jesé, el de Belén, porque ya escogí como rey a uno de sus hijos”.

 

1 Samuel 16,1

 

Ojalá podamos sentir tristeza cuando los gobernantes hambrean al pueblo y destruyen la tierra. Ojalá nos indignáramos ante las políticas extractivistas (que consisten en la explotación intensiva de recursos naturales, como minerales, petróleo y madera, para su exportación) y ante el saqueo ilimitado de los recursos naturales. Ojalá, como Samuel, escuchemos la voz de Dios que nos envía a transformar la tristeza en acción, un proceso que moviliza la acción colectiva para resolver problemas. Nunca se debería perder el sentido de la justicia ni la capacidad crítica hacia los gobernantes, y menos aún hacia el gobierno que uno mismo elige.
En distintos ámbitos (familiar, eclesiástico, educativo, etc.) Dios también nos interpela para que busquemos modos de actuar y venzamos la tristeza que nos paraliza mediante una acción de resistencia. Aunque no siempre se consiguen logros de inmediato, es digno levantar la voz como acción contra todo tipo de violencia.
Tantas situaciones injustas provocan sufrimiento en la vida de quienes menos recursos económicos y humanos poseen. Paso a paso, Dios nos acompaña y nos muestra el camino a seguir. Como a Samuel, Dios nos dice “anda” y, como tantas veces, la incertidumbre del presente nos invade. Sin embargo, la fe en Jesús nos impulsa a ayudarnos unos a otros.
Dios justo, es muy triste cuando no hay un proyecto colectivo que represente una visión política justa para el pueblo. Que el dolor, producido por las injusticias, no nos sea indiferente. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Norma Guigou

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