Los que estaban reunidos con Jesús, le preguntaron: —Señor, ¿vas a restablecer en este momento el reino de Israel?
Hechos 1,6
Aunque estamos lejos en el tiempo de aquellos primeros seguidores de Jesús, la preocupación por la restauración del reino de Dios sigue presente en la vida de muchas personas. Tal vez ya no se formule como una pregunta explícita, pero sí se manifiesta como una necesidad real, especialmente entre quienes más sufren..
Hoy sabemos que esa promesa del reino venidero ya no es exclusiva de un solo pueblo, sino que está dirigida a todos aquellos que creen en el mensaje del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Aunque no conocemos el momento exacto en que el Reino de Dios se manifestará en plenitud, podemos reconocer las señales de su cercanía. No se trata de señales apocalípticas, sino de los frutos del obrar de Jesús: allí donde hay solidaridad entre pueblos, donde se derriban barreras sociales, culturales y económicas, y donde el amor de Dios da origen al compromiso con el prójimo.
Es cierto, el Reino que esperamos no es como el que imaginaban los hermanos de la iglesia primitiva. Es un Reino distinto, pero profundamente real. Y lo aguardamos con esperanza, mientras lo proclamamos con alegría en nuestras celebraciones cantando:
“¡Arriba los corazones, cerca está la salvación! El tiempo ya ha madurado, es la hora del Señor. Hoy el mundo te reclama, ven Señor Jesús; que venga tu reino señor, tu reino de amor” (Cancionero Canto y Fe N° 4).
Raúl Müller