Miércoles 18 de febrero

 

Miércoles de Cenizas

 

Rasguen los corazones y no los vestidos; conviértanse al Señor su Dios, que es compasivo y clemente, paciente y misericordioso, y se arrepiente de las amenazas.

 

Joel 2,13

 

Muchos pueblos y sociedades están pidiendo cambios. De hecho, si tenemos en cuenta las enormes desigualdades sociales, el escandaloso crecimiento de la pobreza y la violencia, la destrucción de la naturaleza y la mercantilización de todos los aspectos de la vida, es evidente que son necesarios cambios.
Pero cuidado con pretender llegar a ellos únicamente a caballo del enojo. Para que una sociedad sea más solidaria, justa y ecológica se necesita algo más que indignación y rechazo. No basta con adherirse a propuestas que alientan la bronca, el odio, la estigmatización o la quita de derechos humanos fundamentales, o que incluso niegan el Estado de derecho o la democracia. La experiencia muestra que las sociedades que han sembrado viento, después han cosechado tempestades.
El profeta dice que para lograr una verdadera transformación es necesario rasgarse el corazón. No basta con los cambios externos. Así como la tierra se rasga para alojar la semilla, para que luego pueda germinar, nuestros corazones también deben estar abiertos para recibir el Espíritu de Dios, que es paciente, clemente y misericordioso, y nos invita a practicar la justicia.
Estimada hermana, estimado hermano: Que los cambios que hoy necesitan nuestras vidas y nuestras sociedades sean fruto de vivir guiados por el Espíritu de Dios. Amén.

 

Leonardo Schindler

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