Día de oración y arrepentimiento
Gloria, honor y paz para todos los que hacen el bien… porque con Dios no hay favoritismos.
Romanos 2,10-11
El texto comienza con un reproche, en el sentido de reprender a alguien por algo que hizo mal. Pablo hace una crítica abierta a los judíos, que bien podría ser para cualquiera de nosotros. Trata de señalar el pecado en los paganos y la creencia de que uno, por puro privilegio, puede pecar sin sufrir consecuencias. Al contrario, ser hijo de Dios nos compromete aún más. ¿Acaso creemos que por ser hijos de Dios nos salvaremos automáticamente? ¿Y qué pasa con aquellos que no creen? ¿Se perderán sin más? Esa es una forma muy equivocada de ver a un Dios fiel y misericordioso. En todo caso, lo que aquí se nos dice es que no debemos condenar a los demás, ya que cuando nos fijamos en los errores de los demás sin reconocer los nuestros, lo que estamos haciendo es condenarnos a nosotros mismos.
Dios es justo; es un Dios de justicia que guía al arrepentimiento, a abandonar aquello que hicimos mal e invita a reflexionar, a no negar los errores, y a retractarnos. Y para eso nos ofrece una hermosa promesa: si nos apartamos del pecado y hacemos el bien, nos dará vida eterna.
¿Queremos vivir exclusivamente para nosotros mismos o para
Cristo? Esa es la decisión que debemos tomar.
Oración: Querido Dios, abre nuestras mentes y corazones para que tu amor y misericordia trasciendan los límites de nuestra fe. Ayúdanos a arrepentirnos de nuestros errores y guíanos hacia la salvación. Amén.
Silvana Esther Lauphan