Verdaderamente traerá la justicia. No descansará ni su ánimo se quebrará, hasta que establezca la justicia en la tierra.
Isaías 42,3b-4a
¡Qué palabras tan contundentes las del profeta Isaías! Son una mezcla sutil de crítica y mensaje de esperanza.
Por un lado, critica a la sociedad que le rodeaba y, al mismo tiempo, nos invita a la reflexión a quienes leemos el texto más de dos milenios después. ¿Dónde está la justicia si Dios tiene que enviar a alguien para que la traiga? ¿Qué estamos haciendo con esa justicia que ya se estableció en la tierra? En nuestros contextos seguimos presenciando injusticias e iniquidad. Vemos a personas maltratando a otras, cómo se deshumaniza al prójimo por pensar y opinar distinto, cómo se destruye el medio ambiente y cómo la humanidad es injusta con la creación y las otras formas de vida. ¿Está el mundo encerrado en una espiral descendente de injusticias?
Por suerte, el mensaje del profeta no solo contiene críticas, sino que también ofrece una luz de esperanza. A lo largo de la historia de la humanidad, siempre ha habido personas que han luchado y siguen luchando por la justicia, personas conmovidas que buscan mejorar el mundo para todos y todas. Personas que inspiran a los demás a seguir luchando y trabajando por un mundo más justo, gobernado por el amor y el respeto mutuo. En nuestra fe, Jesús es nuestro principal ejemplo, pues sus acciones nos motivan a buscar sendas de justicia y paz para vivir una realidad cada vez mejor.
“Tú me guías por las sendas de justicia, me enseñas la verdad.” (Cancionero Canto y Fe N° 217).
Karla Steilmann y Guillermo Perrin