Miércoles 9 de julio

 

Entonces el Señor les hará prosperar en todo lo que hagan, y en hijos, en crías de ganado y en cosechas; sí, el Señor su Dios volverá a complacerse en hacerles bien, como antes se complacía en hacerlo a los antepasados de ustedes, si es que obedecen al Señor su Dios y cumplen sus mandamientos y leyes escritos en este libro de la ley, y se vuelven a él con todo su corazón y con toda su alma.

 

Deuteronomio 30,9-10

 

El Señor nos promete que todo irá bien en nuestra vida si seguimos sus mandamientos y su ley. A veces, parece difícil cumplir estos mandamientos porque, con nuestra propia fuerza, es casi imposible hacerlo de todo corazón. Pero tenemos una esperanza: cuando Jesucristo vino al mundo, antes de ser arrestado y crucificado, prometió enviar al Espíritu Santo para que Él mismo viviera en nosotros. Después de su muerte, Cristo pasa a vivir en nosotros; su ley y sus mandamientos están escritos en nuestros corazones. Ahora, quienes aceptan a Jesús como Señor y Salvador ya no viven por sí mismos, sino que Cristo vive en ellos, recibiendo así las bendiciones prometidas por Dios.
Después de su muerte, Cristo nos abrió el camino hacia Dios. Esto nos da la oportunidad de vivir con alegría, confiando en que, por su muerte, el pecado y la maldad ya no tienen poder sobre nosotros. Somos justos y dichosos delante de Dios gracias a su sangre. Todo lo que pertenece a Jesús ahora también nos pertenece. Amén.

 

Guilherme Pielke

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