“Omnia in caritate”: gratitud al pastor Dr. Heinz Joachim Held, ex pastor presidente de la IERP

Este 7 de enero de 2026, a la edad de 97 años, falleció en Alemania el pastor Dr. Heinz Joachim Held, hombre de profunda espiritualidad, teólogo de notable trayectoria y una voz influyente del protestantismo del siglo XX, quien fuera pastor presidente de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata entre 1968 y 1974. En el ejercicio de su ministerio, como también en su vida personal, tomó como lema el texto bíblico de 1 Corintios 16:14 “Todas sus cosas sean hechas con amor” (Omnia in caritate), que lo ayudaron en diferentes circunstancias.

 

Desde muy temprana edad, Heinz-Joachim Held vivió una espiritualidad intensa y consciente. La lectura de la Palabra de Dios no fue para él un ejercicio meramente intelectual, sino una escucha atenta de una voz que le hablaba al corazón. Esa experiencia fundante marcó toda su vida: fue un pensador teológico agudo y exigente, siempre empeñado en comprender, en preguntar y en profundizar, pero con un límite claro y deliberado: nunca quitarle a Dios la soberanía que le es propia. Pensar a Dios, para Held, no significaba reducirlo.

 

Nacido el 16 de mayo de 1928 en Wesseling am Rhein, Alemania, en el hogar pastoral donde su padre ejercía el ministerio, creció atravesado por una historia que lo marcaría para siempre. Su padre, Heinrich Held, fue pastor de la Iglesia Confesante durante el régimen nazi, y las vivencias familiares en el contexto de la Segunda Guerra Mundial dejaron una huella profunda en su conciencia teológica, ética y eclesial. La fe, para Heinz Joachim Held, nunca pudo desligarse de la responsabilidad histórica ni del discernimiento frente al poder.

 

 

Formado en teología en Wuppertal, Gotinga, Heidelberg y Bonn, se doctoró en 1957 con una tesis sobre el Evangelio de Mateo como intérprete de los relatos de milagros, anticipando ya una vida dedicada a unir rigor académico y sensibilidad pastoral. Tras sus primeros años de ministerio parroquial en Alemania, su camino dio un giro decisivo al ser enviado a la Argentina.

 

Entre 1964 y 1968 se desempeñó como profesor de Teología Sistemática en la Facultad Luterana de Teología en José C. Paz, y desde 1968 hasta 1974 asumió la presidencia de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata. Los diez años vividos y servidos en los países del Río de la Plata lo marcaron para toda la vida. El río Paraná fue su pasión; la canción «El Jangadero», su preferida; los chorizos, su debilidad confesada. No eran detalles menores: hablaban de un hombre que supo amar profundamente la tierra que lo recibió y la iglesia a la que sirvió, integrando fe, cultura y vida cotidiana.

 

Su vocación ecuménica fue una constante. Convencido de que la verdad de Dios debía ser respetada por encima de las diferencias humanas que nos separan, aportó incansablemente al diálogo entre iglesias y tradiciones cristianas en los más diversos contextos. Esa vocación se expresó con fuerza en su posterior servicio como responsable —y luego obispo— del área de Ecumenismo y Trabajo en el Extranjero de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD), en su rol de moderador del Consejo Mundial de Iglesias, en el diálogo con la Iglesia Ortodoxa Rumana, con la Iglesia de Inglaterra y en innumerables espacios de encuentro, reflexión y compromiso.

 

Autor de una importante obra teológica, ensayística y pastoral, dejó también una cantidad de textos inéditos, fruto de una vida dedicada a pensar la fe en diálogo con el mundo, la historia y los desafíos del día a día. Predicador, profesor, pastor y ecuménico, Heinz-Joachim Held fue, ante todo, un hombre de Iglesia en el sentido más amplio y profundo del término.

 

Casado, padre y abuelo, deja una huella profunda en su familia, en sus hijas Annedore Venhaus, Ulrike Held y Beate Held, y en su hijo Joachim Held, así como en las iglesias que acompañó y en las generaciones que formó. Con gratitud por su vida, su servicio y su testimonio, la IERP encomienda su memoria a la gracia de Dios, en la certeza —que él mismo predicó y vivió— de que la última palabra no es la muerte, sino la vida que Dios regala.

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