Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.
1 Pedro 1,6-9
Seguimos reflexionado acerca del texto escrito por el apóstol San Pedro y su llamamiento a la esperanza cristiana y en especial en este tiempo pascual.
Seguramente, en muchas ocasiones hemos pensado en lo difícil que es alegrarnos ante las pruebas que se nos presentan y que atraviesan toda nuestra vida. Y también qué gran desafío es mantener la esperanza en los tiempos difíciles.
Pero, ¿en qué o en quién nos apoyamos para enfrentar estos momentos y situaciones?
Desde el mensaje de salvación, podemos decir que, apoyándonos en la fe y sostenidos por nuestro buen pastor, Jesús, que en la cruz abrió sus brazos para abrazar a toda la humanidad, podemos atravesar los desiertos, los caminos sinuosos y empedrados, las pruebas, las dudas, los llantos y la soledad.
Nos unimos en oración, poniendo toda nuestra vida en sus manos, rogando que nos sostenga en todo momento que nos toque atravesar y que, iluminados por la esperanza que por gracia nos ha sido brindada, caminemos como peregrinos por fe.
Delia Ravagnani