Pero ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien.
2 Tesalonicenses 3,13
No nos cansemos de hacer el bien. El cansancio que más afecta a las personas no es el físico, sino el del ánimo. Tengamos fe en que Dios renovará nuestras fuerzas, después de haberlas gastado, y lo que antes nos cansaba o agobiaba se convertirá en gozo.
Sin importar quiénes seamos o de dónde provenimos, todos tenemos algo que ofrecer a las personas que nos rodean. Dios nos ha dotado de inteligencia, habilidades, fuerza e influencia. Todas esas cualidades, en distintas proporciones, son para mostrarle al mundo quién es Dios y qué es lo que Él ha hecho en Jesucristo. Un padre puede hacerlo mientras lee a sus hijos; una joven puede hacerlo mientras ofrece su tiempo para colaborar en la escuelita bíblica; una anciana puede hacerlo mientras prepara una comida para toda la familia; un joven puede hacerlo mientras ayuda en el trabajo al empleado nuevo a aclimatarse. Dios establece su reino a través de nuestras palabras y acciones en los hogares, oficinas, barrios, iglesias y cualquier otro lugar. Y en todas estas acciones debemos reservar un tiempo para nuestro descanso y reparación. Busquemos tiempos para orar y reponer así fuerzas y energías para poder continuar haciendo el bien.
Hacer el bien es atender las responsabilidades que surgen de nuestras relaciones en la vida atendiéndolas cuidadosamente, y asegurándonos de que en nada seamos servidores a la vista ni que busquemos agradar a los hombres, sino que en todo estemos buscando servir a Dios. (Charles Spurgeon: teólogo inglés, pastor bautista y escritor).
Gladis Gomer