Sábado 17 de enero

Dios los mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie pueda reprocharles nada cuando nuestro Señor Jesucristo regrese. Dios siempre cumple sus promesas, y él es quien los llamó a vivir en unión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

 

1 Corintios 1,8-9

 

Pablo escribe estas palabras a una iglesia con muchos desafíos. Sin embargo, antes de entrar en esas cuestiones, les recuerda una verdad profunda: Dios mismo los sostendrá hasta el final. La perseverancia de nuestra fe no depende de nuestra fuerza, sino de la fidelidad de Dios.
Ahora bien, este caminar no es solitario. El mismo Dios que nos llamó a la comunión con su Hijo, es quien nos mantiene en pie. Esa comunión no es solo una relación personal, sino también un vínculo comunitario, porque estamos llamados a caminar juntos, apoyándonos en el amor.
En nuestra realidad, esto significa confiar más en la fidelidad de Dios que en nuestras capacidades, buscar diariamente esa comunión con Jesús mediante la oración y la meditación de su Palabra, y des- cansar en que Él no abandonará la obra que comenzó.
En la vida comunitaria, significa cultivar relaciones que reflejen esa fidelidad: estar presentes con quienes atraviesan luchas, animar a los que dudan, y no dejar que las diferencias (cuya presencia es sinónimo de una saludable diversidad) nos dividan como cuerpo.
Cuando la vida se siente incierta o nuestra fe se debilita, este texto
nos recuerda que Dios es fiel. Nuestra seguridad no está en lo perfecto de nuestro caminar, sino en lo firme de su promesa.
Que hoy podamos descansar en esa fidelidad y vivir fortalecidos por la comunión con Cristo y con su pueblo, porque justamente en los desafíos, es donde más se revela la presencia amorosa del Dios de la vida.

 

Joel A. Nagel

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