Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.
1 Pedro 2,9
“Pastor, ¿no ora por la salud de tal?”. “¿El culto estará a cargo de las mujeres? No podré participar ese día”.
“¿Cuál es tu apellido?”, le preguntaron a alguien que vino por primera vez.
Ustedes, nosotros, en plural, la comunidad toda.
No unos pocos, autonombrados, elegidos, privilegiados.
Todos pueden orar y serán escuchados.
Todos pueden celebrar, reflexionar, cantar.
Todos pueden compartir, ser parte, tener un lugar.
En la Reforma se hablaba del sacerdocio universal de todos los creyentes: cada uno, con sus dones, posibilidades y dificultades, en su trabajo, estudio o vida cotidiana, está invitado a compartir las buenas noticias, “los hechos maravillosos” de Dios: esperanza, luz, vida y paz.
“Y andaremos por el mundo con fe y esperanza viva, celebrando, cantando, sonriendo, luchando por la vida” (Cancionero Canto y Fe N° 221).
Mónica G. Hillmann