Sábado 21 de marzo

 

Pero ustedes ya no viven según esas inclinaciones, sino según el Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios vive en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, el espíritu vive porque Dios los ha hecho justos, aun cuando el cuerpo esté destinado a la muerte por causa del pecado. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús vive en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales por medio del Espíritu de Dios que vive en ustedes.

 

Romanos 8,9-11

 

Hay tentadoras propuestas para abrazar un modo de vivir en los días de hoy inclinados a naturaleza débil, en un mundo lleno de desigualdades visibles y situaciones que nos paralizan. Hay que estar atentos y listos para dar una respuesta de fe viva a todo esto. Pablo nos trasmite una convicción cuando escribe a los Romanos: que no
solo debe alertar de las tentaciones y peligros de los tiempos vividos, sino que también era necesario fortalecer la fe de los cristianos y cristianas de Roma con palabras que hiciera los cristianos rememorar la belleza del Evangelio que afirmaban creer.
A menudo, dedicamos demasiado tiempo a buscar formas de sentirnos más aceptados, espiritualizados, justificados o amados por Dios, y olvidamos lo que creemos, cómo lo vivimos y la importancia de todo ello para fortalecer nuestra fe. No debemos olvidar que creemos en un Cristo resucitado que vive en cada persona cristiana y en la seguridad de una nueva vida más allá de la muerte. Tenemos muchas oportunidades personales y comunitarias de revivir estas convicciones de fe que nos atraviesan. En el desierto, cuando Jesús es tentado (Mateo 4), nos enseña que la mejor forma de vencer las tentaciones es apropiarse de las promesas con fe y confiar en que Dios nos cuida y está con nosotros en todos los momentos de nuestra vida.
Oración: Dios de amor, perdónanos cuando nos inclinamos a vivir en oposición a tu Reino de amor, fortalécenos en nuestra fe para que los valores del Reino fructifiquen en nuestras vidas. Amén.

 

Paulo Eduardo Siebra Andrade

 

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print