Sábado 22 de agosto

Así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo y estamos unidos unos a otros como miembros de un mismo cuerpo.

Romanos 12,5

Este pasaje nos recuerda que cada persona en la comunidad de fe es única y necesaria. Pablo nos invita a mirarnos con sensatez, sin arrogancia ni falsa humildad, y a reconocer nuestros dones como un llamado al servicio y al cuidado mutuo. Enseñar, consolar, compartir o liderar: cada don está destinado al bien común. En un mundo que exalta la autosuficiencia, la imagen del cuerpo nos desafía a vivir en comunión, a valorar la diferencia y a servir con alegría. Que nuestros dones no sean adornos, sino vocaciones al amor compartido.
¡Que el buen Dios nos acompañe y ayude! Amén

Marco Garrido Espinoza

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